Libre Expresión

Salvador Alvarado: «Mientras no elevemos a la mujer, será imposible hacer patria» (XI)

Es preciso subrayar que las mujeres yucatecas no hubiesen iniciado el movimiento feminista sin Salvador Alvarado. 

El Caudillo puso en México, sin saberlo, los cimientos de lo que con el tiempo fue un movimiento internacional. De lo que sí estuvo consciente el General es que el progreso social que pretendía iba ligado a la extensión de los privilegios a la mujer. Por eso reclutó mujeres para implementar sus programas aunque, también hay que decirlo, las limitó a profesiones de su género, según la época que vivían. 

En su libro «Mi actuación revolucionaria», el general Alvarado planteó: «Yo siempre he creído que mientras no elevemos a la mujer, será imposible hacer patria». Deseaba que las mujeres fuesen independientes, que pudieran ganarse la vida por sí solas y tratadas con igualdad de derechos ante la ley. Detestaba ver mujeres llenas de pasividad, dependencia y sumisión. 

En su discurso de clausura del Segundo Congreso Pedagógico, Alvarado insistió en la necesidad de educar a las mujeres ya que, formándolas, «no necesitarán del consuelo de la religión para darle sentido a su vida».

Se ha considerado erróneamente que el Gral. Alvarado fue elitista al convocar a sus congresos sólo a mujeres con instrucción, pero él creía que la reforma social sólo podía lograrse de arriba abajo y no de abajo para arriba. Sin embargo, en ningún momento olvidó a las mujeres pobres e indígenas. Tan es así que sus programas de reformas empezaron ocupándose de ellas. 

Uno de sus primeros decretos, el número 5, expedido el 24 de abril de 1915, ordenaba se pagase sueldo a las mujeres que servían en casas ricas. En su obra «Mi actuación revolucionaria», Alvarado explica: «El servicio de las casas de gente acomodada era realizado por docenas de pobres mujeres, indias o mestizas, que vivían encerradas, trabajando arduamente, sin más salario que el techo, la ropa y la comida; inútiles para la vida libre, estériles para el amor, muertas para la esperanza. Esta especie de enclaustradas silenciosas y resignadas, pasaba su existencia monótona y triste, sin protestar siquiera, sin ser oídas por nadie, sin tener noción cierta de una vida mejor». 

El 4 de abril de 1915, expidió Alvarado el decreto número 20. En él señaló: «Considerando que en este medio social (la supuesta Casta Divina) existe la repugnante costumbre por parte de algunas familias de conservar en su servicio a mujeres y niños que viven en un verdadero estado de esclavitud, y que este llamado «servicio doméstico» ha sido conservado con el auxilio empeñoso del clero, que en el confesionario amenaza con castigos eternos a las personas que no se someten a esa odiosa servidumbre».

Tras su llegada en marzo de 1915, tan pronto Alvarado conoció la terrible situación que vivían las mujeres yucatecas pobres e indígenas, decidió solucionar el problema a fondo. Quiso liberarlas lo más pronto posible. El decreto número 26, del 29 de abril de 1915, desconoció tutelas y curatelas, por medio de las cuales los hacendados declaraban huérfanos a los hijos menores de sus sirvientas- aunque éstas vivieran- para asumir ellos la tutela y someterlos a la esclavitud. 

También liberó a las prostitutas al reformar el decreto número 222 del Código Sanitario y expidiendo un nuevo decreto, número 277, del 6 de octubre de 1915. Sus considerandos, más que documentos jurídicos, son una epístola en defensa de la mujer subyugada y oprimida. Asimismo, adelantándose a su época y por primera vez en nuestra legislación, Alvarado incluyó en el artículo 19 de la nueva reglamentación sobre lenocinio, «que todo hombre que sufriera una enfermedad contagiosa y tuviere relaciones con alguna prostituta, será castigado con dos a seis meses de prisión. Si la enfermedad no lo fuere, serán uno o dos meses de cárcel» (Diario Oficial del Estado de Yucatán, 25 de abril de 1915). 

El artículo undécimo suprimió los burdeles, desconoció y declaró nulas y canceladas las deudas de las prostitutas con las patronas o personas relacionadas con su actividad. Todos los decretos anteriormente nombrados, surtieron tan rápido efecto que hubo sirvientas que, fundamentadas en el decreto número 5, interpusieron quejas contra sus antiguos patrones. Fue el caso de Nicolasa Gutiérrez, quien demandó a su patrón Albino Manzanilla Canto y le ganó el juicio.

El afán de Alvarado por las mujeres trabajadoras fue tan grande que trascendió a la Constitución de la República. Al expedir la Ley del Trabajo, el decreto número 392, del 15 de diciembre de 1915, incluyó reformas trascendentales. Una de sus mayores inquietudes durante su primer año gobierno fue eliminar la tutela a la que por ley estaban sometidas las mujeres yucatecas, porque dicha disposición afectaba a todas las clases sociales. 

En aquel tiempo el hombre se emancipaba a los 21 años, pero la mujer a los 30, lo que la obligaba a permanecer en el hogar paterno, a menos que contrajera matrimonio. Mediante el decreto número 167, conocido como «Ley Femenina», que reformó el artículo 597 del Código Civil del estado, Alvarado independizó a las mujeres yucatecas a la misma edad que los hombres. Este decreto se adelantó trece años a la reforma del artículo 2º del Código Civil de 1928.

Convencido que el rescate de los pueblos pasa por la educación, Alvarado convocó a dos Congresos Pedagógicos y dos Congresos Feministas, instituyó la educación mixta en las escuelas primarias, pero las protestas de los padres de familia fue de tal magnitud que decidió limitarla a los dos primeros grados. 

La influencia de la Iglesia sobre las mujeres y las críticas de dicha institución a sus reformas, produjeron severa oposición de la clase oligárquica. Fundó la Escuela Vocacional de Artes Domésticas con el decreto número 328. Su plan de estudios incluía talleres de cocina, planchado, labores manuales, botánica, cultivo de hortalizas, taquigrafía y otras materias académicas. Con lo anterior, Salvador Alvarado cumplió en dar esperanzas a las mujeres yucatecas menos privilegiadas. 

Entonces, dedicó sus esfuerzos en presentar su proyecto social a quienes le interesaban: las mujeres instruidas.- Carlos A. Sarabia y Barrera, Diciembre 22 de 2021. Continuará.

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