Libre Expresión

Salvador Alvarado y las interesantes ponencias del Primer Congreso Feminista (XII)

Como mencioné en el capítulo anterior, el Gral. Salvador Alvarado Rubio convocó a dos Congresos Feministas. La convocatoria del primero fue publicada en octubre de 1915, mediante el decreto número 326. Su primer considerando indicaba que podían asistir todas las mujeres honradas de Yucatán que tuvieran cuando menos conocimientos primarios. 

Los temas a tratar fueron: 1- ¿Cuáles son los medios sociales que deben emplearse para liberar a la mujer de las ataduras tradicionales? 2- ¿Cuál es el papel que corresponde a la escuela primaria en la reivindicación femenina? 3- ¿Cuáles son las artes y ocupaciones que debe fomentar y sostener el Estado para preparar a la mujer para el camino intenso del progreso? 4- ¿Qué funciones públicas debe y puede desempeñar la mujer a fin de que no sea elemento dirigido, sino dirigente de la sociedad? 

Alvarado nombró a la maestra Consuelo Zavala como presidenta del comité organizador del Congreso. Hubo reuniones preliminares entre el 13 de noviembre de 1915 y el 9 de enero de 1916. La labor fue tan ardua, que tuvieron que diferir el inicio del congreso hasta la primera quincena de 1916. Por esto, don Salvador emitió el decreto 410. 

En las reuniones previas acordaron que las clases se suspenderían para que las profesoras pudieran asistir, y que recibirían pases de ferrocarril y viáticos por diez pesos diarios. Serían alojadas en las escuelas. 

El General Alvarado inauguró el Primer Congreso Feminista el 13 de enero de 1916, con un Teatro Peón Contreras rebosante de 620 congresistas. El de Mérida fue el segundo en Hispanoamérica, luego del realizado en Buenos Aires, Argentina, en mayo de 1910.

Nuestra ciudad vivió un ambiente de fiesta aquel 13 de enero. En el tren de las ocho de la mañana llegaron de Izamal las primeras participantes, aunque durante el día arribaron, en otros trenes, muchas más procedentes de todos los pueblos, villas y ciudades del Estado. El Peón Contreras brillaba con hermosas mujeres vestidas con elegantes hipiles y joyas de oro, unas; y otras ataviadas con vestidos de lino impecablemente almidonados. 

En una entrevista al periódico La Voz de la Revolución, Consuelo Zavala enumeró los problemas que enfrentarían las participantes. Habló de las dificultades que afrontan las mujeres en general, puso como ejemplo los inconvenientes que había tenido para revalidar su colegio, que ya tenía 400 alumnas. Deploró el concepto equivocado que muchos hombres tenían del feminismo, pues consideraban que las mujeres buscaban colocarse «por arriba del hombre para dar órdenes». 

Consuelito definió lo que para ella significaba el feminismo, dictamen que considero vigente en este tercer milenio: «deseamos ser mujeres fuertes, con educación, iguales al hombre en inteligencia, para formar uniones en un plano de igualdad moral e intelectual».

Tras el discurso del General Alvarado, la Banda del Estado Mayor tocó el vals Alejandra, leyeron algunos poemas y procedieron a la elección de la presidenta del Congreso. Como Consuelo Zavala no aceptó, con 340 votos fue electa la maestra Adolfina Valencia de Ávila. Pasada la euforia, presentaron la primera ponencia, «La mujer en el porvenir», enviada por Hermila Galindo de Topete, afamada maestra duranguense, revolucionaria y política feminista. 

En aquellos días era secretaria particular de Venustiano Carranza y editora de un semanario político llamado «Mujer Moderna», donde presentaba sus ideas. El señor César González, del departamento de Educación, leyó el tema de doña Hermila, que hablaba de sexualidad femenina, del instinto sexual, «que impera de tal suerte en la mujer y es tan irresistible, que ningún hipócrita puede destruirlo, refrenarlo o modificarlo. Atentar contra nuestro instinto es destruir la salud, corromper la moral y demoler la grandiosa obra de la naturaleza». 

Si aun en el siglo XXI tratar públicamente temas como este es difícil, imagínense a principios del siglo pasado. Las protestas de las recatadas profesoras yucatecas no se hicieron esperar. Consuelo Zavala las calmó anunciándoles que dicha ponencia no sería incluida como parte del programa. 

Aun así, la señorita Francisca García Ortiz pidió dar respuesta. Dijo: «Estamos viendo manifestaciones muy fuera de lugar en este Congreso, como afirmar que la mujer no necesita tanta educación como se le quiere dar; sino sólo la imprescindible para dirigir su hogar. Advierto que si las opiniones radicales triunfan, las mujeres llorarán sobre sus encantos pisoteados por ellas mismas». Añadió que «los conocimientos enciclopédicos son una valla para la felicidad», y dedujo un hecho desconsolador para las mujeres de aquel tiempo: «las profesoras no se casan» (Anales, página 72).

Los discursos iniciales dividieron al Congreso en liberales y conservadores, aunque la mayoría apoyó la actitud moderada de Consuelo Zavala. 

Apoyaron también a doña Porfiria Ávila de Rosado, que pertenecía al grupo de las radicales, en un tema que era fundamental: la modificación del Código Civil federal. Doña Porfiria resumió lo que pretendían, clarificó que no buscaban el desquiciamiento social ni la disolución de la familia. «Se trata únicamente de que se reforme nuestra legislación civil, para igualar los derechos de la mujer a los del hombre, especialmente en lo que a los hijos se refiere» (Anales, página 81). 

Esta propuesta fue muy discutida porque aunque sea difícil de creer hubo delegadas que no deseaban se reformase el Código Civil, como una dama de apellido Betancourt de Alvero, del grupo conservador. Insistió que «no es necesario reformar la legislación civil, basta la Ley del Divorcio para encauzar la libertad de la mujer».- Carlos A. Sarabia y Barrera, Diciembre 29 de 2021. Continuará. 

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