Península

Kin marca en Oxkintok una alineación calendárica de belleza excepcional 

Orlando Casares Contras habla del fenómeno arqueo astronómico descubierto en 1998 por Ricardo Velázquez Valadez que sincroniza el movimiento de Venus 

Por Martha López Huan

Los rayos de Kin, el dios Sol de los mayas, entra a las 6:05 del 20 de marzo con toda su fuerza por el arco falso de Oxkintok durante el inicio de la Primavera y forma un majestuoso calendario de belleza excepcional para bendecir la tierra y marcar la siembra de las milpas.

«El arco falso de Oxkintok refleja una alineación calendárico astronómica, ya que los mayas usaban la astronomía como elemento para marcar fechas de gran importancia», explicó Orlando Casares Contreras, especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Entrevistado en el marco del fenómeno asqueo astronómico que se registra dos veces al año en la zona arqueológica de Oxkintok, ubicada en el municipio de Maxcanú, habló del punto de observación y el significado para la ciudad precolombina, cuyos conocimientos van más allá de los equinoccios.

«La astronomía maya es más compleja», indicó sobre la llegada del Sol al arco falso de Oxkintok, cuyo descubrimiento lo registró el arqueólogo Ricardo Velázquez Valadez (+) en 1998, pero fue sustentado por el investigador y museógrafo del INAH  Casares Contreras.

El autor del libro «Arqueo astronomía maya y su legado cultural», recordó que al realizar las mediciones y con apoyo del astrónomo Jesús Galindo Trejo de la UNAN se dieron cuenta que fenómeno solar no sólo marcaba una fecha astronómica como los equinoccios, sino que revelaba una fecha de importancia calendárico astronómico que se dividía en ciclos de 73 días.

El especialista del INAH explicó que 73 es el único número que puede ser divisible en cinco partes iguales el año solar maya (Hab) y 73 representa el número de ciclos o vueltas que tiene el calendario sagrado de 260 días para alcanzar al calendario civil de 365.

«Ambos ciclos son equivalente 52 años de 365 ó 73 años de 260 días, pero lo bonito de esas fechas es que se repiten en toda Mesoamérica, no sólo en el parea maya de Yucatán», aseveró.

El arqueo astrónomo científicamente sustentó que en los ciclos de 73 días se pueden observar que si se extienden 260 días más tienen un equivalente a 584, es decir, ocho periodos de 73 días.

La importancia de los 584 estriba en que es el periodo Sinódico de Venus visto desde la tierra y desde la zona arqueológica de Oxkintok, la presencia del planeta va perfectamente alineada al calendario solar.

El arqueólogo y escritor Orlando Casares Contreras confirma que con la llegada de Kin al arco falso de Oxkintok, la enigmática ciudad precolombina se convierte en un calendario solar para marcar la siembra de las milpas.

La llegada de la principal deidad de la cosmogonía maya durante los equinoccios de Primavera y Otoño permaneció oculto por más de cinco siglos, sólo podían acceder a ella sacerdotes, astrónomos, gobernantes y otros personajes de la élite de esa cultura que sigue maravillando al mundo.

Ahora, especialistas del INAH empiezan a develar el conocimiento de los sacerdotes astrónomos plasmado en el Arco Falso del Grupo Ah Canul, considerado un reloj de Sol al marcar con exactitud el inicio de los equinoccios, solsticios y la alineación de Venus.

El fenómeno se observa al amanecer a partir de apertura en forma de canal construido en el edificio poniente del Grupo Ah Canul, cuando el Sol está justamente en el interior del Arco Falso.

Este 2022, el fenómeno en Oxkintok se observó de 6:05 hasta 6:14 horas, pero al igual que en las zonas arqueológicas de Chichén Itzá, Mayapán, Uxmal y otros sitios de Yucatán donde se han registrado eventos de este tipo, la belleza es indescriptible, excepcional, ya que va coronado por el canto de las aves y la presencia de animales endémicos de la selva baja.

El sitio arqueológico de Oxkintok fue cerrado al público por la pandemia del Coronavirus, pero el INAH pronto abrirá sus puertas para que los visitantes locales, nacionales y extranjeros conozcan la enorme urbe maya que tuvo su esplendor en el 250 a 600 a.C.

«La ciudad precolombina es enorme, apenas muestra un pequeño porcentaje de su esplendor, que incluye un enorme laberinto que se rige por el Sol y la Luna, palacios mayas, complejos de cuartos de los gobernantes Ah Canul, May y otros edificios majestuosos», aseveró Orlando Casares Contreras, quien junto con Venus Estrella Cabrera y José Gamboa Cetina escribió el libro «Arqueo astronomía maya y su legado cultural».

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