Península

Breve historia del parque “hidalgo” de la Mérida que se nos fue. (11)

Por Sergio Grosjean Abimerhi

Foto México en Fotos

Muchos de los que transitamos por este hermoso sitio nos preguntamos por qué durante la administración de la alcaldesa Angélica Araujo Lara (2010-2012) se desmanteló al conocido “Parque Hidalgo” (60 con 59), y el vetusto, bello y llamado «adoquín francés» -aunque fue fabricado e importado de los Estados Unidos- y que llegó a Yucatán hace alrededor de 120 años, simplemente lo eliminaron de un plumazo, y lo triste es que este continuaba dándole un excelente servicio a los transeúntes y a los que allá toman el fresco día a día, así como el mármol de carrara que ornamentaba el monumento al general Manuel Cepeda Peraza.

Creemos que retirar el adoquín fue un gran desacierto desde el punto de vista técnico, estético e histórico, aunque curiosamente, un ingeniero y funcionario de primer nivel de este gobierno -Mauricio Vila- en un desplante de ignorancia me insistió que no servían y había que retirarlos, pero lo más curioso es que nunca ha visto uno solo desmontado y desconoce no solo sus dimensiones sino su material.

Para que podamos entender a cabalidad estas conjeturas de porqué fue un error, al igual o peor de lo que será en otro toque de desfachatez, arrogancia e ignorancia lo que pretende efectuar este gobierno del estado con el corredor turístico gastronómico que afectará a este parque si siguen con la terquedad de hacerlo como pretenden ante el silencio sepulcral y cobardía de los colegios de profesionistas -salvo honrosas excepciones- y cámaras empresariales -no hay honrosa-, hay que conocer la historia de este inspirador sitio aunque sea a “grosso modo”.

Hasta mediados del siglo XIX el parque se llamaba la plazuela del Jesús, y fue uno de los sitios más bellos y concurridos de la ciudad. En el año 1870, el parque tenía en el centro una fuente de mármol con un monumento artístico inserto en el centro. Los pisos eran de loza y mármol de carrara. Tenía bancas de hierro inglesas y estaba circundado por un enverjado.

Por aquellos tiempos, había hermosos árboles de gran follaje que le proporcionaban a los transeúntes una agradable sombra, y aderezado con los colores y olores de las flores, hacían el lugar perfecto para descansar. Todos los jueves entre las 8 y 10 de la noche eran especiales, pues tocaba una banda de música militar bajo la batuta de don José Agustín de las Cuevas, siendo que esas noches eran muy concurridas principalmente por los jóvenes. En esa época, la calle no estaba pavimentada y el paso de los carruajes levantaban una inconcebible polvareda en detrimento de los que se deleitaban con la música esas o de los que simplemente tomaban el fresco.

En el año de 1877, el parque era también llamado parque central, y estando al mando del gobierno don José María Iturralde, este le hizo cambiar el nombre por el de parque Hidalgo. La información periodística relativa al evento, no especifica si se le denominó de esta manera en honor al llamado padre de la patria D. Miguel Hidalgo y Costilla, o en honor a los hidalgos, pero todo parece indicar que fue en alusión a los segundos.

Cuando nos referimos a estos hidalgos, estamos haciendo alusión a los mayas que se adhirieron a las fuerzas gubernamentales durante la llamada guerra de castas o guerra campesina iniciada en 1847 en Tepich. El término de “hidalgo” es un título de nobleza, mismo que a la vez los hay de varias categorías, y en este caso, a estos mayas se les concedió el de menor cuantía en la heráldica. A los mayas se les consideraba “hijos de nadie”, y para ellos sentirse hidalgos, es decir “hijos de algo”, seguramente debió de causares mucha satisfacción, y posiblemente habrán dicho que al menos “algo es algo”.

Entonces, estos hombres tenían comúnmente la función durante esta guerra de abrir las brechas a punta de machete y hacha, levantar trincheras, servir de guías, y para cualquier otra acción pesada. Su cuartel se ubicó en lo que por muchos años fue el teatro principal, y comúnmente estos combatientes ejercitaban sus maniobras de orden cerrado en un terreno, y este era precisamente donde hoy se asienta el parque. Se dice que primeramente se le llamó “parque de los hidalgos”, luego “parque del hidalgo”, y finalmente se le acuñó el “parque hidalgo”.

Posteriormente y ya entrado el año de 1897 durante el gobierno del licenciado Carlos Peón Machado, gracias a los donativos de particulares y al gobierno de aquella época, se inaugura un monumento en memoria del general Manuel Cepeda Peraza, y es nombrado oficialmente el parque en honor a este ilustre personaje en su 26 aniversario luctuoso, y esta obra vino a suplir a la antigua fuente que allá se asentaba. Cabe mencionar que este militar tuvo una destacada participación durante la llamada guerra de castas, y posteriormente fue gobernador del estado.

Pasadas las décadas y entrada ya la segunda mitad del siglo XX, un alcalde decide retirar del piso del parque el bello mármol de carrara, las antiguas bancas de hierro y los preciosos tibores de mármol. Para el caso, pusieron en lugar del fino mármol, el llamado adoquín francés. Finalmente, como citamos, durante la administración de la alcaldesa Angélica Araujo arrasaron con estos bellos adoquines para insertar en su lugar unos incipientes y desangelados adocretos. Hasta el presente, no me imagino que mejor material puede haber que el adoquín, pues este duró más de un siglo y seguía en buenas condiciones hasta el momento que se retiró. Reconocemos que en varias partes del parque ya habían asentamientos y algunas áreas estaban desniveladas, y lo que se debió hacer, es simplemente levantarlos, compactar la base, y volverlos a acomodar en su lugar.

De acuerdo a una entrevista que se le realizó a la alcaldesa en su momento, se refirió que utilizarían un material actual y moderno, y dejarían una pequeña área con el adoquín para plasmar una huella o marca histórica. Y muchos nos preguntamos ¿Para qué, si allá estaba la historia y la durabilidad? Entonces, la interrogante inicial es ¿Cuáles fueron los argumentos para retirar definitivamente el adoquín? Desde el punto de vista técnico no encontramos alguna argumentación, pues no estaban rotos ni cuarteados. Desde el punto de vista estético menos aún, pues embellecían el área y le daba un sabor muy particular.

Finalmente, desde la perspectiva histórica sería hasta gracioso cuestionarlo. A muchos nos extraña de sobre manera tal obra, pues supuestamente se está luchando por embellecer el centro histórico, y al realizar trabajos de ese tipo se va en detrimento, pues también se le robó al parque un pedazo de su historia.

Para los guías de turistas fue un duro golpe, pues parte del tour por la ciudad o city tour, era llevar a los turistas por el parque y viajar por el tiempo a través de la historia, y los adoquines formaban parte de nuestro rico acervo cultural, y eran un excelente pretexto para sentarse y disfrutar el ambiente, a diferencia del presente, que este espacio hoy es usado como un corriente mercado en las noches en el que ya no puedes caminar tranquilamente porque ha sido invadido por decenas y decenas de vendedores que forman parte de la caja chica del ayuntamiento de Mérida.

Ya para concluir, es bien sabido que en Europa se respetan los adoquines con el mismo interés que las fachadas de los edificios históricos, reponiendo los dañados por otros similares, y por eso se mantienen relucientes sus ciudades, sus calles, sus empedrados, y no en vano los europeos nos preguntan por qué destruimos nuestro patrimonio y lo cambiamos por cemento. Bien me dijo mi sabio abuelo el Ing. Belga algo que nunca olvidaré: “mientras nosotros estamos pensando como construir un puente, en México los políticos están pensando como destruirlo; y el parque hidalgo es un excelente ejemplo.

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