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La zona arqueológica de Kankí resguarda el Templo de Kinich Ahau

Cada año se observa en el sitio un espectáculo astronómico único: aparece el rostro de Kin, el dios Sol de los mayas iluminando con sus ojos estrábicos el sitio ubicado en el norte de Campeche

Por Martha López Huan

La zona arqueológica de Kankí, ubicada a 48 kilómetros de la ciudad de Campeche, en el sur de México, guarda un tesoro invaluable: el Templo de Kinich Ahau, donde dos veces al año se registra un fenómeno arqueo astronómico con la presencia de Kin, el dios Sol de los mayas.

«Kinich Ahau significa Señor ojos de Sol en lengua maya y eso es precisamente lo que se refleja en la crestería de la Estructura No. 2 del grupo principal de Kankí», dijo el arqueólogo descubridor del fenómeno solar, Florentino García Cruz.

El fenómeno arqueo astronómico, que dio a conocer en 2000 durante el Encuentro Internacional de Investigadores de la Cultura Maya que organiza la Universidad de Campeche, «causó impacto porque cuando el astro se alinea se observa perfectamente el rostro del dios Sol de los mayas».

«El juego de luz y sombra que se registra en el Mascarón que está en la parte alta del Templo de Kinich Ahau, refleja a la perfección el rostro de un anciano de grandes ojos estrábicos y mandíbulas desdentadas», explicó el especialista egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

García Cruz, quien este año celebra 37 años de trayectoria como investigador en zonas arqueológicas de Campeche, añadió que los ojos estrábicos en los mayas era símbolo de belleza entre la élite, «no cualquiera podía tener ese rasgo que correspondía al dios Kin».

La mayoría de los edificios prehispánicos de la Península de Yucatán, cuyos habitantes rendían culto a Kin, tiene ventanas que cuando se posa el Sol asemeja el rostro del astro rey con ojos estrábicos.

El significado de la llega de Kin al Templo del Kinich Ahau, que se registra el 1, 2 y 3 de mayo tiene un significado agrícola: marca el inicio de la temporada de lluvias.

«Es una especia de ceremonia en la que los mayas despedían a Kin y daban paso a Chaac, el dios maya de la lluvia que llegaba para dar vida a los cultivos», agregó el investigador y arqueólogo independiente.

El fenómeno de la zona arqueológica de Kankí, que en lengua maya significa henequén amarillo, también se registra el 7, 8 y 9 de agosto en un horario variable de 16:50 a 18:40 horas.

 

ZONA QUE CAUTIVARA A TURISTAS DEL TREN MAYA

El arqueólogo García Cruz, quien durante años investigó la zona arqueológica de Kankí que el estadounidense Harry Pollock visitó en 1940, dijo que el sitio cautivará a los visitantes del Tren Maya, «está casi virgen y el Instituto Nacional de Antropología e Historia no cobra el acceso, sólo cuida el patrimonio».

El sitio cuenta con palacios, templos ceremoniales y habitaciones que pertenecieron a sacerdotes, escribas o artistas, «pero están en ruinas, ya fue saqueado».

«El Templo de Kinich Ahau que tiene unos siete metros de altura está de pie, pero en las entradas de abajo están bloqueadas por el derrumbe de edificios aledaños», agregó.

Informó que el sitio alcanzó un grado alto de desarrollo en las ciencias, astronomía, artes y cuidado del medio ambiente en el Clásico Tardío (600 al 900 d.C.) y Clásico Terminal (900 al 1,200 d.C.).

Algunos edificios sobresalen entre los derrumbes y árboles mostrando su estilo Proto Puuc, Puuc y Petén, cuya arquitectura muestra arcos falsos, espacios abovedados amplios que el visitante podrá conocer.

Algunos edificios aún conservan la decoración y otras muestran una mampostería cubierta de piedra perfectamente labradas, seleccionados por los mayas prehispánicos por su textura y color.

«Algunos edificios y palacios aún muestran el rojo de los mayas», explicó el arqueólogo independiente, «porque el dinero y el tiempo que dedico a mis investigaciones yo lo aporto, aún no tengo base de investigador del INAH».

El recorrido por el sitio terminó con dos deseos: «que el INAH-Campeche restaure el Templo de Kinich Ahau y que en agosto próximo no cierre el sitio, como hizo en mayo pasado, para que decenas de visitantes conozcan la sabiduría astronómica de los mayas».

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