Libre Expresión

El Gral. Salvador Alvarado y el Segundo Congreso Feminista (Capítulo XIV)

Como ya vimos, el Gral. Alvarado no quedó muy satisfecho con los resultados del Primer Congreso Feminista. Lo atribuyó a la impreparación de algunas congresistas para abordar temas fundamentales. No obstante, el mandatario hizo hincapié que las participantes tomaron consciencia y protestaron «por el estado que hoy guarda la mujer, el poco amparo que le concede la ley, por la educación que no la prepara para la ardua lucha por la existencia y el hogar, por las innumerables trabas que la han tenido eternamente atada a la tradición y a la rutina, y han hecho de ella no un elemento de progreso y de combate». Añadió: «Este Primer Congreso fue suficiente para conocer que la mujer mexicana, representada por la de Yucatán, se ha dado cuenta de su triste situación».

La propuesta más importante del Primer Congreso Feminista fue que se reformara el Código Civil, recomendación que tuvo influencia decisiva en la Ley de Relaciones Familiares promulgada por Venustiano Carranza el 9 de abril de 1917.

Salvador Alvarado se apresuró a convocar un Segundo Congreso Feminista, esta vez nacional, que se efectuó del 23 de noviembre al 2 de diciembre de 1916. Desgraciadamente, aun cuando fue nacional, no llegaron las delegadas del resto de la República. Sólo asistieron 234 damas y la inauguración no tuvo la solemnidad del anterior. De hecho, existe tan poca información sobre este segundo congreso que, en 1957, cuando la Federación de Organizaciones Populares de Yucatán, afiliada a la CNOP, convocó a un congreso estatal presidido por dos prestigiadas profesoras, anunció que «es el segundo congreso celebrado en nuestro estado», cuando en realidad era el tercero.

En el Segundo Congreso Feminista no participó Consuelo Zavala. Las radicales dominaron las sesiones. Igual que en el primero, tampoco asistió Ermila Galindo, aunque sí envió una segunda ponencia – «Estudio con motivo de los temas que han de absolverse en el Segundo Congreso Feminista de Yucatán» -, leída por la maestra Elena Torres, quien al paso del tiempo sería figura fundamental del movimiento feminista yucateco. La larga ponencia de doña Ermila justificaba la que envió al Primer Congreso. Y reclamaba y cuestionaba: «¿Inmoral mi trabajo? ¿En qué estribó su inmoralidad? Señalé defectos de la organización social, dije cuál es el principal fin que conforme a su naturaleza corresponde cumplir a la mujer en el mundo».

Si bien no hubo delegadas nacionales, las yucatecas perdieron interés quizá por las largas discusiones. Hubo ausentismo. Las radicales lograron se aprobara el derecho al voto a la mujer con un resultado de 147 a favor y 89 en contra. No fue fácil. Los debates fueron aguerridos y cansados. Tan fue así que al tratar el punto de permitir que las mujeres fuesen candidatas en elecciones municipales, perdieron las radicales. Aquel día únicamente asistieron a la sesión noventa delegadas, y sólo treinta votaron a favor. 

El periódico La Voz de la Revolución, al informar sobre la clausura del congreso y sus resultados indicó que las «congresistas llegaron a conclusiones peligrosas». El mismo medio informó también sobre la «fundación de dos nuevos clubes político/feministas que trabajarán por las candidaturas de Venustiano Carranza, para Presidente de la República, y Salvador Alvarado, para gobernador de Yucatán». 

Lo anterior confirma el enorme interés que había entre las yucatecas por la política, y el deseo del general Alvarado de impulsarlas; lo que indujo a proponer se cambiara el texto del artículo 115 constitucional en el Congreso Constituyente, que permitiera a don Salvador ser gobernador electo y, más tarde, aspirar a la presidencia del país.

Cabe precisar que a pesar de los dos congresos feministas, las activistas yucatecas no lograron se reformase la legislación local que otorgara el sufragio a la mujer, aunque siguieron luchando a nivel federal. En enero de 1917, Ermila Galindo y Edelmira Trejo enviaron al Congreso Constituyente un oficio solicitando la igualdad de derechos políticos para las mujeres mexicanas. La propuesta fue rechazada con el siguiente argumento: «En el estado en que se encuentra nuestra sociedad, la actividad de la mujer no ha salido del círculo doméstico, ni sus intereses se han desvinculado de los integrantes masculinos de la familia. No ha llegado entre nosotros a romperse la unidad familiar, como llega a suceder con el avance de la civilización. Las mujeres no sienten, pues, la necesidad de participar en los asuntos públicos, como lo demuestra la falta de movimientos colectivos en ese sentido» (Carmen Enriqueta Ramos Tuñón, Presencia y transparencia: la mujer en la historia de México. La lucha política de la mujer mexicana por el derecho al sufragio y sus repercusiones, pág 184, El Colegio de México, 1992).  

A nuestros legisladores les llevó treinta y seis años convencerse y comprender que la mujer mexicana podía aspirar a la igualdad política con el hombre, pues fue hasta 1953 cuando el Congreso de la Unión otorgó a las mujeres el derecho al voto. No importó ese atraso. La semilla sembrada por las feministas yucatecas impulsadas por el Gral. Alvarado en 1915 y 1916, no cayó en tierra estéril. Su lucha condujo a un destino, al inicio de construcción de un edificio, que si bien sólo tenía los cimientos, fueron de tal solidez que sirvieron a las feministas mexicanas y yucatecas de décadas posteriores a poner poco a poco los siguientes pisos hasta obtener los logros que tiene la mujer en nuestra patria en este tercer milenio.- Carlos A. Sarabia y Barrera, Enero 12 de 2022. Continuará. 

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