Península

Nuevas investigaciones en la Gran Plaza de Chichén Itzá 

 El INAH aplica técnicas geofísicas para explorar el subsuelo, con la probabilidad de encontrar entierros, construcciones, etapas previas de la explanada o formaciones de origen natural 

Por Martha López Huan 

Investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia comenzaron el 10 de mayo pasado nuevos trabajos en la Gran Plaza de Chichén Itzá, coronada por importantes edificios como El Templo de los Guerreros, El Castillo y el Juego de Pelota, ya que en la época prehispánica la explanada fue el eje de la vida ritual y política de esa zona arqueológica.

Los especialistas del INAH y la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en colaboración con el Instituto de Geofísica (Igef) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) pondrán en marcha durante siete días un proyecto de prospección en el sitio.

Los trabajos de investigación se realizan con dos equipos GPR o radar de penetración terrestre (por su traducción del inglés) para explorar la plaza desde el nivel de superficie.

La técnica es no intrusiva.

 De acuerdo con los coordinadores del proyecto, adscritos a la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH y al Posgrado de Arqueología de la ENAH, Denisse Argote Espino y Pedro López García, respectivamente, aunque la explanada no tiene una forma cuadrangular o rectangular precisa, se sabe que mide unos nueve mil metros cuadrados.

Para facilitar los trabajos en campo, la plaza se ha dividido en ocho segmentos de tamaños distintos, siendo el más pequeño de 630 m2, y el mayor de 1,925 m2.

«La capacidad de esa técnica para detectar lo que hay debajo de la superficie a distintas profundidades, la convierte en una herramienta indispensable para la investigación arqueológica, ya que se pueden planear estrategias futuras de excavación a partir de la información recuperada», comentaron los arqueólogos.

 Denisse Argote Espino explicó que los equipos GPR envían ondas electromagnéticas desde una o dos antenas, las cuales son remolcadas de manera estable y continua a lo largo de una línea.

Los pulsos electromagnéticos se envían hacia el subsuelo y sus reflexiones son obtenidas de las interfaces entre los estratos y objetos de propiedades eléctricas y magnéticas contrastantes, cuya profundidad puede ser calculada a partir del tiempo que tarda en regresar la onda y de la velocidad a la que esta viaja por el medio.

 El proyecto usa dos equipos GPR, facilitados por el investigador del Igef Gerardo Cifuentes Nava, con antenas de 270 megahercios que permitirán a las mediciones alcanzar hasta seis metros de profundidad.

 En la época prehispánica, la Gran Plaza de Chichén Itzá tenía al menos 500 años de uso continuo, entre los periodos Clásico Tardío y el Posclásico Temprano (de 650 a 1,150 d.C.).

La prospección optimizará las probabilidades para el registro de elementos de interés arqueológico, que pueden incluir etapas constructivas de la Gran Plaza, o muros de piedra, entierros humanos, cavidades, drenajes antiguos, caminos e incluso cauces de agua.

Tomando en cuenta que de 2014 a 2015, la colaboración entre el INAH y la UNAM permitió la realización de estudios de tomografía de resistividad eléctrica en El Castillo, cuyos resultados probaron la existencia de una segunda subestructura y un cenote ubicado debajo del monumento, las nuevas prospecciones en la plaza que rodea a la Pirámide de Kukulcán podrían brindar nueva información sobre los flujos subterráneos que nutrirían de agua a la formación natural.

Un flujo de agua tiene una conductividad mucho mayor que una estructura, que rocas consolidadas o el karst del suelo peninsular, «por lo que se podría determinar si estamos frente a un flujo hídrico», explicaron los investigadores.

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