Libre Expresión

Anécdotas sobre el Gral. Salvador Alvarado Rubio (VI)

Por Carlos Sarabia Barrera

El carácter del Gral. Salvador Alvarado, su perfil psicológico, su modo peculiar de ser, puede ser reconstruido con anécdotas legadas por sus contemporáneos, sean amigos, familiares, subalternos o compañeros. Por medio de ellos podemos saber hoy con detalle las líneas de acción del Caudillo, pues éstas modelan en su constancia la continuidad de su conducta, de su actitud ante el contacto diario con las distintas caras de su entorno. 

El licenciado don Santiago Burgos Brito, que fue director general de Bibliotecas durante el alvaradismo, dejó una para la Historia: «Al General Alvarado sus enemigos le crearon una leyenda de hombre déspota y tirano, pero una experiencia personal con él le pinta como hombre y gobernante. Estaba yo un día en mi despacho de la Biblioteca Cepeda cuando llegó el Gobernador. Le acompañaba su secretario Mario Heredia. Púsose a revisar los volúmenes en las estanterías. De pronto vio «Las Vidas Paralelas» de Plutarco. El jefe militar mostró gran contento ya que, según me dijo, toda su vida había deseado leer esa obra famosa. De pronto, ordenó a su ayudante cargara todos los tomos y los llevase a su automóvil. Aquello iba contra una disposición del Reglamento de la Biblioteca y así se lo hice ver, exponiéndome cuando menos al cese inmediato. Sin embargo, su respuesta fue contundente: «Hace usted bien, don Santiago, en cumplir su reglamento, le felicito». Acto seguido ordenó los libros regresasen a la estantería correspondiente. Platicó como si nada hubiese pasado».

Otra anécdota tuvo como protagonistas a don Salvador y a la célebre actriz doña Virginia Fábregas. Aquellos días la diva actuó en Mérida y le contaron que un tribunal militar había sentenciado a muerte a siete conspiradores, entre ellos tres militares allegados a Alvarado y otros civiles yucatecos. La conjura, financiada por conspicuos hacendados, pretendía asesinar al Gobernador y tomar el poder. Doña Virginia encabezó una manifestación por la calles de la ciudad hasta llegar a la residencia del gobernante donde le suplicó cancelase la sentencia. La respuesta del ahora Benemérito del Estado fue categórica: «Son ustedes unas damas muy hermosas y usted, Virginia, sin duda, una figura destacada del teatro mexicano, pero con mucho pesar les anuncio que no tengo facultades para pasar por encima de lo que ha dictaminado un jurado militar».   

Otra historia, chusca si ustedes quieren, pero que muestra el talante del Gral. Alvarado hacia los yucatecos, sucedió en un comercio del ahora Centro Histórico. Los propietarios eran unos esposos sirio libaneses de apellido Rukos. En ese lugar, la esposa de don Salvador dejó separado un suéter que costaba $40. Al día siguiente, el jefe militar, que no era conocido por la propietaria, se presentó a recogerlo llevándose desagradable sorpresa: la señora Rukos le informó que la prenda ya costaba 45 pesos. Alvarado no regateó. Antes de salir aconsejó que para conservar la clientela debían apegarse a los precios establecidos.

El general Alvarado ya era viudo cuando llegó a Yucatán. Habíase casado por primera vez en su tierra natal. Su mujer perdió la razón cuando fue agredida en su propia casa por los enemigos de su esposo. Fue internada en un hospital psiquiátrico, donde murió. 

Y si bien he dicho que don Salvador fue hombre serio y sensato, no era inmune a la belleza femenina. Siendo Gobernador y Comandante Militar prendóse de una hermosa damita yucateca, doña Laura Manzano, que luego sería su esposa sin tener descendencia. Confieso que no pude averiguar si el padre de doña Laurita, don Gerardo Manzano, consintió una boda sólo por lo civil, o fue tanto el amor del general que aceptó casarse por la Iglesia.

El caso es que para cortejarla pidió a sus amigos le explicasen cómo enamorar a una yucateca. Le dijeron que la tradición imponía que el pretendiente diera vueltas a pie en la calle donde estaba ubicado el domicilio de la damisela pero, le aclararon, «por tu condición de mandatario puedes dar vueltas en tu automóvil». Ni tardo ni perezoso el General comenzó a rondar a pie la casa de la familia Manzano, situada en el cruzamiento de las calles 59 x 82, enfrente de la residencia del jefe militar (Quinta Iturralde, aunque en 1915 la llamaban «Los Alemanes»). Aunque enamoró a doña Laura como cualquier hijo del pueblo, Alvarado galanteaba pulcramente vestido con un traje militar blanco y con botas. Esto causó hilaridad a sus amigos. Uno de ellos le hizo ver que en Mérida, en aquellos tiempos revolucionarios, no era bien visto el uniforme. Al día siguiente don Salvador presentóse a su visita vestido de paisano, con reluciente pantalón y filipina blanca. Es que el que quiera azul celeste que le cueste, ¿no?- Carlos A. Sarabia y Barrera, Noviembre 16 de 2021. Continuará… 

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