Libre Expresión

Un príncipe de carne y hueso

En memoria de Axel Sánchez Hernández, un joven que recibió cariño a raudales de una joven y su familia provenientes de la cultura maya

Por Martha López Huan 

Los príncipes de cuentos de hadas siempre han existido, pero los de carne y hueso son pocos, mejores y únicos porque los puedes abrazar, besar, dar consejos y hasta jalar las orejas ¡porque son reales! 

A lo largo de mis 35 años como periodista, tuve la oportunidad de conocer a muchos príncipes de sangre azul y a uno especial de tipo AB+ que amaba la velocidad, a sus padres, hermanos y su familia consorte, pero ninguno como el de esta historia. 

Sin embargo, este guapo soberano amaba más a su novia que, aunque no pertenecía a la realeza, la eligió por sobre todas las cosas y la convirtió en su princesa sin título. 

La historia de este príncipe que se llama Axel Sánchez Hernández, que nació el 14 de julio de 1997 en la Ciudad de México, es tan bonita como efímera, pues se adelantó al Reino de Dios a los 24 años de edad.  

El «Erase una vez» de este príncipe de carne y hueso se tiene que contar para preservar sus sentimientos tan fuertes e increíbles que transformaron el mundo real llenándolo de amor, amistad, trabajo y responsabilidad, valores que en el siglo XXI son difíciles de encontrar. 

Axel era un príncipe con una virtud especial: era noble de sentimientos, aunque también pertenecía a esa clase social formada por las personas que poseen títulos nobiliarios concedidos por el rey, en este caso su padre a quien admiraba mucho. 

Siempre contaba orgulloso que sus príncipes hermanos y él mismo se parecían a su padre, un lector incansable que padeció carencias de la vida antes de asumir el trono. 

De la reina casi no hablaba, pero su amor estaba impreso en cada palabra y no podía ser de otra forma: ella le dio la vida y la tenía en un pedestal, aunque no siempre comulgara con sus ideas. 

El príncipe originario de la Ciudad de México siempre defendió al pueblo yucateco, a su novia que tenía raíces mayas y una familia que abrió sus brazos, cultura y corazón a Axel sin esperar nada a cambio. 

La familia de la princesa sin título tenía las mejores riquezas del mundo: cariño, amor y valores familiares únicos, esos que son tan apreciados en reinos lejanos. Lo tenían todo. 

Vale la pena contar que cuatro de esos 24 años de vida fueron un regalo para quienes tuvieron el privilegio de convivir y conocer al príncipe que amaba las tortillas hechas a mano, la comida yucateca, los cenotes y los viajes, aunque hay que reconocer que sus vestimentas y calzados eran de lo mejor, dignos de su estatus social y económico. 

A veces era tan difícil viajar por sus tareas de príncipe, pero se las ingeniaba para ir a los conciertos de los Jonas Brother, a Xcaret, Dzoncauich, Chichén Itzá, Dzibilchaltún, Calakmul, Chiapas, Honduras, Guatemala y otros sitios  donde floreció la cultura maya, cuya admiración era tal que dejaba a un lado el protocolo para expresar: «¡No manches!». 

Los planes para ir a Estados Unidos y el concierto de Bad Bonny se congelaron, porque fue más importante el llamado de Dios: su permiso para estar en la tierra terminó el 18 de diciembre de 2021. 

Su partida deja un gran dolor entre el pueblo yucateco, pero su princesa terminará esa carrera de Odontología, cuyo título será el máximo legado para Axel, un ser generoso, noble, bueno, cariñoso y único que siempre la apoyaba y amaba, aunque fuera de ascendencia maya, esa cultura que sigue maravillando al mundo.  

Jamás habrá nadie como él. La llegada del príncipe Axel a Yucatán fue como un anillo al dedo, por eso, el pueblo ha proclamado que cambiará el dolor que carcome el alma ante su inesperada partida por amor hacia el prójimo, por su legado de nobleza y sencillez. 

El pueblo y su familia lo ha sepultado como a los gobernantes mayas: con exequias y honores que continuarán por siempre, apoyados por la Arquidiócesis de Yucatán. 

La costumbre maya dicta que al tercer día de su partida se hace una novena especial con cánticos para despedir su alma generosa, joven, noble, hermosa y sin culpas. 

¿Qué culpas puede tener un príncipe de 24 años? Ninguna, pero sí múltiples virtudes que fue regalando cada día, cada hora y cada minuto de su 24 años de vida. 

A los ocho días de acudir con Dios, se hace otra novena que continuará al mes, a las siete semanas (en este caso 7 de febrero de 2022), a los seis meses y al año. 

El día de su cumpleaños 25 habrá fiesta en la tierra y en el cielo. 

Si quieres conocer al príncipe de carne y hueso que nació en la capital del país y se fue con Dios desde estas Tierras del Mayab, sólo debes levantar la mirada al cielo y ver la hermosa Luna que muchas veces lo abrazó en la playa con su fiel compañera que no pertenecía a su reino, pero que nació en el mismo año: 1997. 

O mejor, ve a una de tantas zonas arqueológicas de Yucatán y México, levanta los brazos al Sol y sentirás su presencia viva y espíritu indomable que se desbordaba en las carreteras cuando viaja para cumplir sus protocolos. 

¿Lo mejor? Cuando el viento acaricie tu mejilla, escuches a lo lejos el canto de las aves o disfrutes la inmensidad del mar, cuyos bellos tesoros naturales descubrió apoyado con su visor y su princesa de origen maya. 

Este relato es en memoria de Axel Sánchez Hernández (14 de julio de 1997-18 de diciembre de 2021), quien siempre supo mi pasión por las letras. 

«A veces siento que me abrazan», le dije una vez y se río como un niño, aunque para mí siempre fue un príncipe. 

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